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La Orden Militar de Montesa

Orígen y evolución
Las relaciones con la Corona de Aragón
Requisitos para el ingreso en la Orden de Montesa
Relación de Maestres de la Orden de Montesa




Orígen y evolución


Esta Orden de Caballería de Nuestra Señora de Montesa fue instituida en el reinado de Don Jaime II de Aragón, y aprobada por el Pontífice Juan XXII en el año 1317, siendo su objeto combatir a los musulmanes que invadían con frecuencia las costas valencianas. Extinguida en 1311 la Orden religiosa de los Templarios el citado monarca pidió al Papa que cediese todas las rentas que aquéllos tenían en sus reinos, para con ellas erigir una nueva orden de carácter militar; el Papa Clemente V, no accedió a la petición del Rey, obteniendo éste dichas rentas del siguiente Pontífice, el mencionado Juan XXII.

Celebró la recién creada Orden de Montesa su primer Capítulo solemne el domingo 22 de julio de 1319, en presencia de Don Jaime II, que se hallaba con su corte a la sazón en Barcelona. Se estableció por cabeza y casa principal de la Orden la villa de Montesa, que antes perteneció a los Templarios, de donde tomó el nombre.

Los que primeramente ingresaron en la Orden de Montesa fueron diez caballeros de Calatrava, que elaboraron nueva Regla y Estatuto, siendo su primera divisa una cruz de sable por concesión de Clemente VII, pero incorporándose a ella pocos años después, en 1400, la Orden Militar de San Jorge de Alfama, cambió su insignia por la de ésta, que consiste en una cruz llana de gules, que modernamente se ha colocado, en hueco, sobre una cruz flordelisada de sable, con lo que se ha conseguido con una sola insignia rememorar las dos primitivas. Dicha cruz flordelisada de sable y ahuecada de gules la ostentan los caballeros de Montesa sobre el pecho en el uniforme, y al costado izquierdo en el manto capitular, que es blanco.

Las relaciones con la Corona de Aragón

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Las relaciones entre la Orden de Montesa y la monarquía aragonesa fueron muy estrechas desde el momento de su fundación. Esta colaboración de Montesa con la corona tuvo oportunidad de plasmarse casi inmediatamente a raíz de la conquista de Cerdeña por Jaime II en 1323-24, campaña en la que participan los Montesianos con hombres y dinero, y que tuvo como consecuencia el que todavía cuando el infante don Alfonso se encontraba en la isla acabando su control militar, el 26 de febrero de 1324 el rey diese a la Orden un privilegio comercial de exención de lezda, peaje, portazgo, pesas y medidas, anclaje, pasaje y gabelas, para ella y para sus vasallos, en todos los puertos de Cerdeña, Córcega e islas adyacentes.

En los años siguientes puede destacarse el que el largo Maestrazgo de fra Pere de Tous (1327-1374), coincidente en buena medida con el reinado de Pedro el Ceremonioso, marcó una clara continuidad en la colaboración Orden-Corona. Por un lado, tanto Alfonso IV como Pedro IV, al acceder al trono en 1327 y 1336 respectivamente, procedieron a ratificar prontamente todos los privilegios que había obtenido la Orden hasta ese momento, así como los otorgados en su tiempo a la Orden del Hospital y que, como herederos de sus bienes, les podían afectar.

Por otro lado el Maestre fra Pere de Tous participó activamente en los grandes conflictos políticos del reinado del Ceremonioso, siempre apoyando la figura del monarca. Ello lo podemos comprobar ya en los primeros momentos de su reinado, envuelto en los graves conflictos con sus hermanastros los infantes Ferrán y Juan, hijos de la reina Leonor de Castilla; éstos habían sido heredados con grandes señoríos en el reino valenciano a pesar de las protestas de la ciudad de Valencia, y se aliaron con parte de la nobleza aragonesa encabezada por personajes de la talla de Jaime de Xérica. Es en ese grave contexto político del entorno de 1336 cuando podemos comprobar el valor de la ayuda del Maestre de Montesa, el cual actúa militarmente tanto frente a los nobles aragoneses.

La participación Montesiana en la guerra de conquista de Mallorca de 1343 contra Jaime III de Mallorca, también fue activa y, como consecuencia de las necesidades reales de dinero para la guerra, se produjo en abril de 1343 la venta a la Orden de la jurisdicción criminal y mero y mixto imperio de un grupo de pueblos de su señorío así como algún otro impuesto real, caso del derecho de la cena.
Poco después estalló el grave conflicto de la Unión, marcadamente nobiliaria en el caso aragonés pero con un significado muy distinto en el País Valenciano. Aquí adquirió unos tintes de conflicto social urbano contra la monarquía e, incluso, en una etapa final, un marcado carácter social contra los poderes feudales. No es de extrañar pues que en razón del tipo de conflicto y de las relaciones personales del Maestre fra Pere de Tous con el rey Pedro IV aquel y su orden se convirtieran en un firme pilar del bando realista. Ya desde el primer momento le documentamos entre los reunidos junto al rey en Vila-Real el 14 de junio de 1347 para proceder a la constitución de una Germania que haga frente político a los Unionistas valencianos, y en las semanas siguientes el Maestre se movilizó intentando evitar que los pueblos de su señorío se adhiriesen a la Unión.

También consecuencia de la ayuda de Montesa al rey fue el que éste cediese a la Orden las multas, indemnizaciones y castigos en los pueblos de su señorío, además de la facultad de hacer procesos por todo ello y poder para perdonar y absolver a quien considerase oportuno el Maestre.

Cuando en 1356 estalla la llamada Guerra de los Dos Pedros en Castilla, de nuevo la Orden se puso inmediatamente al servicio real con su fuerza militar y el recurso a las recaudaciones fiscales extraordinarias. Son diversos los hechos de armas en los que participaron los Montesianos en la defensa del reino valenciano, en este caso con mucho mayor impacto en cuanto que entre 1356 y 1365 la guerra se desarrolló en territorio valenciano.

Por contra el período final del siglo XIV, tiempos de los reyes Juan I y Martín "el Humano" por un lado, y del Maestre fra Berenguer March por el otro lado, nos marca un claro cambio en la situación, en la que estas relaciones de la Orden con la Corona se deterioraron de forma clara y se dio paso al casi único período histórico en que se produjo un evidente enfrentamiento entre ambas instituciones y personas.

El punto de partida de esta ruptura puede situarse en el año 1382, tras la muerte del Maestre fra Albert de Tous (1374-1382), hermano del anterior Maestre Pere de Tous y de quien continuó su política de apoyo a la corona. Pero al plantearse la sucesión en el cargo en julio de dicho año, se produjo la resistencia de parte de los miembros de la Orden a aceptar el candidato real, fra Ramón de Vilanova, perteneciente a un linaje muy ligado al rey. A pesar de la excepcional presencia personal del monarca en el capítulo en que se procedió a la votación electoral en la iglesia del convento de la villa de Montesa, finalmente salió elegido el opositor al candidato real, fra Berenguer March, y, aunque la Orden siguió puntualmente colaborando en las empresas reales de los años siguientes como fue el caso de la ayuda al rey Juan I a raíz de la nueva rebelión en la isla de Cerdeña dirigida por Brancaleón Doria y los Arbórea, lo cierto es que fueron unos años de claro y evidente conflicto.

En el período entre 1382 y 1410, el Maestre y la Orden de Montesa se vieron envueltos en estos años en las guerras de bandos que ensangrentaron la vida pública valenciana y también el conjunto de la Corona de Aragón.

Este período de conflicto entre la monarquía y la Orden de Montesa en el paso de los siglos XIV al XV tuvo su colofón en el proceso de crisis política de la Corona de Aragón a raíz del pleito sucesorio entre 1410 y 1412 que llevó al Compromiso de Caspe, a la elección como rey de Fernando de Antequera y la entronización de los Trastámara castellanos, y a la breve guerra civil con el sector urgellista tanto en Cataluña como en el País Valenciano.

El año anterior, en 1409, se había producido la segunda crisis en la historia interna de la Orden de Montesa a raíz de la nueva elección de Maestre tras el fallecimiento de fra Berenguer March. Y para mayor complejidad, esta vez, a los habituales conflictos entre grupos nobiliarios por ejercer su influencia en la elección y a los posibles intereses de la corona en uno u otro candidato hubo de añadirse la decisiva e interesadísima intervención del Papa, concretamente del aragonés Pedro de Luna, Benedicto XIII, embarcado en pleno conflicto del Cisma de Occidente.

En los meses anteriores a la muerte de fra Berenguer March ya se movieron las piezas para preparar su sucesión, perfilándose la figura de fra Nicolau de Próixida por un lado, quién controlaba el capítulo de la Orden, y la figura de fra Guillem Ramón de Cervelló quien gracias a la ayuda de su linaje obtuvo una promesa escrita del rey para ser nombrado nuevo Maestre. Clarísima división en bandos pues, que reflejaba la violenta división de la sociedad valenciana y catalana de esos años, y apoyo de la corona a uno de ellos por sus relaciones con el linaje de Cervelló. Pero ahí surgió como novedad la política particular del Papa Luna quien, utilizando las prerrogativas de su cargo, maniobró para acabar destituyendo a ambos Maestres autoproclamados y elevar al maestrazgo a un fiel seguidor de su persona, fra Romeu de Corbera.

El cambio de dinastía en 1412 marcó muy claramente el inicio de una nueva etapa en la historia de la Corona de Aragón, en la evolución del poder y actividades de la monarquía, y también en la figura y comportamientos de los Maestres de la Orden de Montesa en esas décadas y sus relaciones con la corona. Si por un lado parece evidente que la historia de la Corona de Aragón a lo largo del siglo XV no puede ser entendida sin tener en cuenta su presencia en las tierras de la península italiana y las islas de Cerdeña y Sicilia, especialmente durante el reinado de Alfonso "el Magnánimo", por otro la historia de la Orden de Montesa en este siglo se caracterizó por el apoyo directo a los monarcas y su papel en las guerras exteriores de la dinastía, especialmente en los asuntos de Nápoles y toda Italia.

La monarquía encontró en el mundo del reino de Nápoles y en la política de toda Italia un espacio de actuación constante, en el cual invirtió enormes esfuerzos económicos y sociales de los reinos peninsulares, y entre ellos también documentamos la presencia de los freiles de la Orden de Montesa cumpliendo las peticiones de la corona y viviendo los altibajos de su política ultramarina; participación que se concretó especialmente en el caso de sus tres sucesivos Maestres: fra Romeu de Corbera, después fra Gilabert de Montsoriu (1445-1453), y aún con mayor importancia fra Lluís Despuig (1453-1482).

Fra Romeu de Corbera (1410-1445), de linaje barcelonés e hijo de los señores de Corbera, tuvo una larga carrera al servicio de la nueva dinastía Trastámara. Antes de ser elegido Maestre como hombre de confianza del Papa Luna había sido comendador montesiano de Vilafamés, pero más importante es que ya le documentamos al servicio de la corona como capitán de las galeras del rey Martín "el Humano" en la guerra de Cerdeña y, de hecho, tuvo que retardarse unas semanas su juramento como Maestre de Montesa porque no se encontraba en la península en el momento de publicación de la bula papal con su nombramiento; a su vez el 9 de noviembre de 1412 el Papa Benedicto XIII lo nombró delegado apostólico en Sicilia con plenos poderes eclesiásticos para proveer obispados y todo tipo de cargos regulares y seculares, y al año siguiente ya fue nombrado por el rey, virrey de Sicilia con poderes sobre las tropas y la flota.

Con Alfonso "el Magnánimo", aún aumentó si cabe esta relación directa entre el rey y el Maestre de Montesa, el cual fue repetidamente capitán de galeras reales -a él se debe la victoria naval conocida como de la Foz Pisana, frente a una flota genovesa-, recibiendo en recompensa por todo ello ingresos de la corona en Sicilia y después en Nápoles; también destaca su faceta como embajador del rey ante los poderes políticos italianos, caso de sus embajadas ante Felipe María Visconti, duque de Milán en 1421, así como otras en años posteriores.

Muy interesante también es la actuación política de fra Romeu de Corbera en la política interior del Reino valenciano, de la cual conviene resaltar el que en 1429 fue nombrado por el rey "Portantveus de Lloctinent General del Regneu", título que hace referencia al máximo cargo político y de confianza del rey durante el siglo XV en la sociedad valenciana; era pues el agente personal y ejecutivo de la política real en la Valencia de esos años. E incluso un nuevo ejemplo de esta colaboración con el rey es el papel que jugó este Maestre de Montesa en la liquidación final del Cisma de Occidente y el aislamiento del Papa Luna, proceso en el que no dudó en abandonar a Benedicto XIII y apoyar en todo la política real.

Con los dos siguientes Maestres de Montesa, Fra Gilabert de Montsoriu (1445-1453) y fra Bernat Despuig, siguió la misma profunda colaboración corona-Orden de Montesa. El primero de ellos era clavero de la Orden desde 1429, y durante los años en que ocupó este cargo sirvió a Alfonso "el Magnánimo" en los más diversos temas políticos y militares italianos. Fue embajador de Alfonso V ante el duque de Anjou en 1431 para que firmasen treguas en su conflicto armado, y de nuevo acompañó al Rey cuando éste acudió a Nápoles al año siguiente. Participó también en la batalla naval de Ponza en agosto de 1435, donde fue hecho prisionero por los genoveses, pero al poco tiempo de nuevo aparece comandando galeras reales en el reino de Nápoles.

En cuanto al octavo Maestre de Montesa, fra Lluís Despuig (1453-1482), natural de Xátiva, fue el más relevante en cuanto a su colaboración larga y constante en los asuntos políticos de la monarquía Trastámara en la península italiana, no solo durante el reinado de Alfonso "el Magnánimo" sino también en los difíciles momentos iniciales del reinado de Ferrán de Aragón como rey de Nápoles y durante el reinado de Juan II.

El año 1431, cuando todavía sólo es clavero de la Orden, ya es citado como embajador del rey Magnánimo ante la nobleza napolitana, y en los años siguientes sigue formando parte del entorno fiel de la casa real como capitán militar, representante diplomático personal del rey y miembro del Consejo Real hasta la muerte de Alfonso V en 1457; pero este hecho no marcó tampoco una interrupción en su papel relevante al servicio real pues siguió cumpliendo funciones de embajador en tiempos de Juan II y fue muy importante la ayuda militar de la Orden de Montesa y de su Maestre Despuig en la guerra de la corona contra la Generalitat de Cataluña (1462-1472).

Así pues, podemos valorar que a lo largo del siglo XV y en especial con la instauración de la dinastía Trastámara en la Corona de Aragón, se produjo una recuperación de la que había estado tradicional política de colaboración entre la Orden de Montesa y la Corona durante la mayor parte del siglo anterior y que venía a significar el que Montesa representase un puntal de apoyo fundamental en el entorno de la monarquía de estos siglos medievales. Bien es cierto que en esta tradicional relación se pueden matizar claramente diferencias entre ambos siglos XIV y XV pues si bien en el primero podemos valorar más claramente su papel como uno más de los grupos nobiliarios que apoyan al monarca en su actividad política, en el siglo XV, con la transformación del poder real, más fuerte y basado en sus propios mecanismos de poder y oficiales reales, la relación de los Montesianos se convirtió en algo más personal y no tanto como Orden Militar en su conjunto. En el siglo XV primaba mucho más la relación directa del linaje al que pertenecían los Maestres y los freiles concretos de Montesa con el entorno de la casa real, que el propio papel de la Orden como un todo.

La incorporación de la Orden de Montesa a la Corona fue más tardía que la de las tres que le precedieron, pues no se llevó a efecto hasta el reinado de Don Felipe II, concretamente en el año 1587, que pasó a ser Gran Maestre de Montesa, como ya lo eran él y sus inmediatos predecesores de Santiago, de Calatrava, y de Alcántara.

Requisitos para el ingreso en la Orden de Montesa

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El aspirante a ingresar en esta Orden, que, como las otras, también desde su incorporación a la Corona, es meramente una corporación de carácter nobiliario, ha de probar en sus dos primeros apellidos ser hijodalgo de sangre a fuero de España, y no de privilegio, con escudo de armas, y ser descendiente él, su padre y madre, y abuelos varones de ambas líneas de casa solar conocida, sin haber ejercido oficios viles, mecánicos o industriales. Tampoco se puede conceder hábito a persona que tenga raza ni mezcla de judío, moro, hereje, converso ni villano, por remoto que sea, ni el que haya sido o descienda de penitenciado por actos contra la fe católica, ni el que haya sido o sus padres o abuelos procuradores, prestamistas, escribanos públicos, mercaderes al por menor, o haya tenido oficios por el que hayan vivido o vivan de su esfuerzo manual, ni el que haya sido infamado, ni el que haya faltado a las leyes del honor o ejecutado cualquier acto impropio de un perfecto caballero, ni el que carezca de medios decorosos con los que atender a su subsistencia.

Relación de Maestres de la Orden de Montesa

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Hubo desde su fundación hasta el momento de ser incorporada la Orden a la Corona catorce Maestres:

- Guillén de Eril,
- Arnaldo de Soler,
- Pedro de Thous,
- X. de Thous,
- Berenguer March,
- Romeo de Corbera,
- Gilaberto de Monsavin,
- Luis Despuig,
- Felipe de Aragón y Navarra,
- Felipe Vivas de Cañamás,
- Francisco Sanz,
- Francisco Despuig,
- Francisco Lanzol de Romaní y
- Pedro Luis Garcerán de Borja.

     
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