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Heráldica nacional


Heráldica nacional


En los países que se formaron cuando fundiéndose por diferentes razones diversos reinos en uno solo, constituyendo lo que hoy entendemos por unidad nacional, suelen reflejar sus escudos nacionales las armas de parte o de la totalidad de aquellas posesiones unidas bajo un mismo cetro. Los escudos de Carlos V y de Felipe II reflejan exactamente ese modo de expresar la soberanía y la emblemática de ella. Luego unas veces para simplificarlos, otras para manifestar el cambio de linaje, se han reducido y eliminado cuarteles, añadiendo otros para significar ese cambio. Todos ellos representan un signo real y en algunos escudos se expresan los signos de auténtica soberanía, incluyendo los de pretensión, cosa que en la actualidad ha ido siendo eliminada, reduciéndose y simplificándose los blasones, aunque continúa en las naciones antiguas la tradición del uso de las armas grandes, en donde se incluyen signos de soberanía y de pretensión, y armas de uso corriente en donde se simplifican en lo posible a su expresión más exacta. En las naciones antiguas se forman estos escudos con las armas de los linajes de sus antiguos reinos. En las armas de las naciones modernas estos signos corresponden a flora, a fauna, costumbres, tradiciones y símbolos, pero en general se suelen ajustar, en líneas generales y de máxima, a las leyes heráldicas.

Los signos exteriores en aquellas naciones de constitución antiguas los integran los realmente heráldicos, representados por sus coronas, mantos, soportes y tenantes, mientras que en las de nueva creación la exhuberancia trepa por los blasones para imponer elementos curiosísimos de la flora y de la fauna, algunos caprichosos completamente y otros con marcado significado político, representativos de un ideal social más que de un ideal moral, que son las auténticas representaciones de la Ciencia del blasón.

Soportes y tenantes corresponde normalmente a figuras vinculadas, aborígenes de cada nación, y el gorro frigio timbra infinidad de escudos en diferentes continentes, mientras que en muchas naciones modernas se ha prescindido completamente de todo timbre, eliminando soportes y tenantes y cimando el escudo con los elementos más impropios, aunque significativos y de indigenismo de la nueva nación.

Sin embargo, no se puede prescindir de considerar como elementos heráldicos, por muy impropios que sean, algunas representaciones que por diferentes circunstancias se han introducido en los ornamentos exteriores de las nuevas armas de las naciones recientemente creadas, constituyendo nuevos timbres que necesariamente debe incorporar la heráldica en su léxico y en sus composiciones de no querer quedar superada y fosilizada por oponerse a la natural, aunque muchas veces ilógica, evolución de la humanidad.


El escudo de España


Un singular dato de interés, ejemplo de la tan variada y apasionante historia de nuestro país desde la Alta Edad Media, es que nuestro escudo es el único entre los escudos de los países europeos que refleja su historia, representándola fielmente. A su través, la podemos conocer.

Paso a paso, y según los avatares de nuestro acontecer, se enriquece. León, un león rampante, Castilla, un castillo. Navarra, las cadenas. Aragón, las barras. Granada, una granada. En el centro, la dinastía reinante en los últimos trescientos años, las tres flores de lis de los Borbones. Pero es más, cuando un gran español, el vasco Juan Sebastián Elcano, consiguió realizar por primera vez en la historia de la humanidad la circunvalación de la Tierra, Carlos I, nuestro Rey-Emperador, orgulloso, rodea el escudo de España con las Columnas de Hércules y la inscripción «Plus Ultra» (Más allá!), como diciendo, «no hay límite al esfuerzo humano».

El escudo nacional se rige por la Ley 33/1981, de 5 de octubre, con su descripción, y el Real Decreto 2964/1981, de 18 de diciembre, con el modelo oficial.

Descripción:

- Artículo 1º de la ley: El escudo de España es cuartelada y entado en punta. En el primer cuartel, de gules o rojo, un castillo de oro, almenado, aclarado de azur o azul y mazonado de sable o negro. En el segundo, de plata, un león rampante, de púrpura, linguado, uñado, armado de gules o rojo y coronado de oro. En el tercero, de oro, cuatro palos, de gules o rojo. En el cuarto, de gules o rojo, una cadena de oro, puesta en cruz, aspa y orla, cargada en el centro de una esmeralda de su color. Entado de plata, una granada al natural, rajada de gules o rojo, tallada y hojada de dos hojas, de sinople o verde.
Acompañado de dos columnas, de plata con base y capitel, de oro, sobre ondas de azur o azul y plata, superada de corona imperial, la diestra, y de una corona real, la siniestra, ambas de oro, y rodeando las columnas, una cinta de gules o rojo, cargada de letras de oro, en la diestra «Plus» y en la siniestra «Ultra».
Al timbre, corona real, cerrada, que es un círculo de oro, engastado de piedras preciosas, compuesto de ocho florones de hojas de acanto, visibles cinco, interpoladas de perlas, y de cuyas hojas salen sendas diademas sumadas de perlas, que convergen en un mundo de azur o azul, con el semimeridiano y el ecuador de oro, sumado de cruz de oro. La corona forrada de gules o rojo.

- Artículo 2º. El escudo de España, tal como se describe en el artículo anterior, lleva escusón de azur o azul, tres lises de oro, puestas dos y una, la bordura lisa, de gules o rojo, propio de la dinastía reinante.


Bibliografía empleada

-Cadenas y Vicent, Vicente de, Fundamentos de Heráldica, Madrid, Ediciones Hidalguía, 1994.
-Urbina y de la Quintana, José Antonio de, El gran libro del protocolo, Madrid, Temas de Hoy, S.A., 2001.

 
     
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